viernes, 26 de julio de 2013

Los alcances de la enseñanza-aprendizaje bajo competencias


Hoy sabemos que en la tarea de  formación de las personas, la preocupación por el aprendizaje significativo va primero, antes que los aspectos de procedimiento y logísticos un tanto mecánico que han caracterizado el quehacer en las escuelas.

Aprendizaje significativo quiere decir muchas cosas, entre otras, que el sujeto del aprendizaje no es un receptor pasivo frente a conceptos abstractos y situaciones al margen de su propia realidad; por el contrario, al tratar de comprender cómo aprendemos el resultado más simple ha sido el de asimilar que lo hacemos en una estrecha relación con los objetos que nos rodean, en la interacción que tenemos con los mismos y en la oportunidad de manipularlos, servirnos de ellos, transformarlos y permitir que, de igual modo, nos transformen. De la misma forma, hoy reconocemos la importancia de entender que nadie se enfrenta a una nueva situación de aprendizaje sin un repertorio de esquemas personales, llámense conceptos, habilidades, destrezas, experiencias, que son resultado de relaciones y aprendizajes previos, cuyo papel es especialmente importante para desarrollar representaciones actualizadas de nuestra realidad, lo que nos plantea la seguridad de que quien aprende es un ser dinámico y socialmente activo, en la medida en que buena parte de nuestro entorno se encuentra ligado a la relación con otros seres sociales a partir de los cuales y con los cuales construimos versiones de la realidad que compartimos y las que resultan nuestras en lo particular.

Ciertamente, se trata de nuestros esquemas, mismos que cambian en la proporción en que nuestro ser físico se transforma interna y externamente, acompañado de las modificaciones culturales de la civilización en la que participamos cotidianamente, haciendo su dinámica e intersubjetivando con ella. Asimismo, hoy se tiene la certeza de que la transmisión de información no tiene ningún sentido tan solo con la existencia de un ente que sirva de receptor.

Actualmente, el mundo de la información y del conocimiento  es tan diverso y abundante que resulta de mayor utilidad el dominio de fundamentos y aspectos básicos, asociados a un manejo muy diestro de los métodos para encontrar, interpretar, analizar críticamente y recrear saberes necesarios por algún motivo y potencialmente útiles, lo que indica un acercamiento más detenido en los sistemas de trabajo que la escuela debe favorecer, partiendo de la necesidad de enseñar y aprender a pensar, lo que nos remite a ubicar el trabajo de los docentes como mediadores eficaces que acompañen a los estudiantes en los procesos de reorganización interna de sus esquemas, al colaborar en la tensión que el propio sujeto puede lograr hacer cuando confronta lo que ya sabe con lo que debería saber. Se trata de un proceso de desenvolvimiento de la persona que lo hace pasar, de manera comprometida con su propia realización, a las reformulaciones previas al alcance de representaciones sobre su realidad que antes no tenía y con lo cual el docente se constituye en  un colaborador entusiasta.

Partimos de que lo que se aprende no se reduce a información que extracta terminológicamente los progresos en el campo científico, tecnológico y humanístico. En una dimensión del desarrollo de la cultura ancestral y contemporánea es de reconocer su importancia y la necesidad de que dicho capital de la civilización humana sea valorado y conservado en las proporciones necesarias por el bien de la humanidad misma. Sin embargo, un mundo que se caracteriza porque su existencia consiste en procesar adecuadamente sus propios cambios, no sólo requiere sino además demanda la participación activa de quienes forman el protagonismo más determinante en relación con este fenómeno. Dicha participación no solamente trata que se realice a través de dominios conceptuales, también reviste exigencias en cuanto a aspectos procedimentales, es decir, repertorios que permiten la ejecución de algo, a saber, técnicas, procedimientos, métodos, habilidades, que al aplicarse nos permiten conseguir acceder a un logro específico; o bien una serie de disposiciones que nos conducen a interactuar real o subjetivamente ya en forma positiva o negativa con ciertos objetos, situaciones o instituciones de la realidad o en nuestra sociedad.

Lo de antes era trabajar por la eficiencia retentiva que en apariencia se lograba separando en unidades de transmisión simples, haciendo énfasis en los aspectos del conocimiento y los metodológicos, mientras la formación procedimental y las actitudes se daban por derivadas  como elementos  implícitos. Lo de hoy es que por fin se piensa a las personas que aprenden como sujetos activos, que participan como una verdadera unidad compleja de aspectos entre los que sobresalen los conceptuales, los procedimentales y los actitudinales. No como una moda que tiende a complicar el tema educativo con una buena cantidad de ideas superficiales, sino como una tendencia más segura y asertiva en relación con el ser humano que somos y la persona que es deseable en un mundo en transformación en el que participamos.

En razón a lo anterior,  los estudiantes son personas que provienen de distintos contextos en los cuales han aprendido a desenvolverse, portando una gran cantidad de esquemas y representaciones que sirven de base para interpretar e interactuar con sus realidades inmediatas entre las que destaca la escuela como uno de sus entornos temporales más significativos. Al partir de esta idea central, nos pronunciamos por el enriquecimiento de las experiencias de los jóvenes y el desenvolvimiento de nuevos esquemas que les permitan adaptarse a los cambios de su mundo presente y a contribuir con los mismos a una mayor velocidad con respuestas adecuadas y creativas a sus exigencias de transformación.

El concepto de estudiante como sujeto activo, permite inferir que tanto éste  como el rol del docente deben ser distintos. Hoy se  piensa en un docente dispuesto a acompañar al estudiante en la edificación de su propia formación, propiciando el encuentro directo del estudiante con los saberes y experiencias fundamentales para que se produzcan los cambios pertinentes en su interior y se traduzcan en desempeños que denoten el carácter integral de los aprendizajes que resultan de interacciones ricas en detalles entre los cuales sobresalga el interés por la búsqueda de información, su manejo y su recreación, el respeto a la existencia y la intención de un mundo mejor. Se trata de un docente que piensa ir más allá de la tarea de transmitir información, para situarse en una zona de intercambios en donde su papel es la de mediar entre el saber y el estudiante, en la intención de que éste sea reflexivo, autónomo, propositivo y se encuentre en mejores condiciones de enfrentar los desafíos de un mundo cada vez más complejo, enfrentado a una modernidad que le exige responder desplegando   repertorios de estrategias cuya efectividad no se puede medir solo a partir de lo que sabe, sino también de cómo lo hace, cómo lo enfoca y transforma.







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